Nuevo paradigma en la empresa del siglo XXI: los ODS, un mar de oportunidades

Nuevo paradigma en la empresa del siglo XXI: los ODS, un mar de oportunidades

El papel de las empresas en el contexto actual

Para alcanzar un consenso sobre  papel de las empresas en la sociedad y encuadrar sus legítimos objetivos, hay que empezar por analizar el contexto social en el que nos encontramos. Un contexto complejo, con una crisis de valores que afecta a la clase política, a las instituciones, a las empresas y a la propia ciudadanía.

En el orden internacional asistimos con preocupación a las políticas aislacionistas de Trump, ignorando el libre comercio internacional y revindicando un nuevo nacionalismo populista; a la amenaza yihadista y al conflicto migratorio por el Sur o a los hackers rusos por oriente, mientras Europa, depositaria de los  valores de la civilización occidental, se tambalea frente al Brexit. Sin olvidarnos, ni de la permanente crisis del Oriente Medio, ni de la amenaza  Norcoreana.

Todo este contexto adverso  tuvo su inicio en la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría, pero el hito de inicio más determinante, y a partir del cual se han desencadenado acontecimientos sucesivos en este milenio,  fue el ataque a las torres gemelas  del World Trade Center en Nueva York el once de septiembre de 2001.

En lo que va de milenio se han sucedido hechos  trascendentes a todos los niveles, aunque muchos de vosotros, por vuestra juventud y porque forma parte de vuestra contemporaneidad, lo aceptéis con normalidad. Los más mayores lo vemos de forma distinta.

Recordemos algunos de estos hechos transcendentes: en el año 2003 Invasión de Irak; China entra en la Organización Mundial del comercio; en 2005 accidente nuclear en Japón y en 2006 se descubre el fraking, que convertirá a USA en excedentaria en petróleo. América da la espalda al Atlántico y pone su mirada en el Pacífico. En 2008 China organiza los Juegos Olímpicos de Pekín; explosiona el conflicto entre Georgia y Rusia con todos los líderes en China. Septiembre del año 2008, crack financiero. En 2010 Primavera árabe, Mubarak en la cárcel, guerra en Siria, Daesh, ISIS, terrorismo islámico.

Durante este inicio de siglo, la globalización permite el resurgir de los países emergentes y coloca a China en potencia comercial de primer nivel, y posiblemente en la líder mundial.

Todos estos acontecimientos de la historia reciente vienen acompañados  de una apertura de mercados, con la globalización, la aparición de las redes sociales,  los smartphones,  la Nube, el Big Data, la revolución de la movilidad y la inteligencia artificial. 

Si en estos primeros años de milenio han ocurrido tantos acontecimientos en el espacio geopolítico y en el espacio tecnológico que podríamos calificar de revolución, ¿qué no va a ocurrir en los próximos 15 años? Habrá que estar preparados para todo. En esta nueva modernidad liquida de la que nos habla Zigmund Bauman, que se nos escapa entre los dedos y nos conduce a pensar que nada es estable,  que todo está en permanente movimiento, estamos obligados a reinventarnos y a innovar o desapareceremos.  

Es en este contexto de inestabilidad -desierto de ideas y valores- que invita al pesimismo y a la parálisis, donde las empresas son llamadas a ver  oportunidades donde otros solo ven problemas, a asumir  protagonismo. Este es el importante rol que van a jugar  las empresas, este es el nuevo paradigma que nos va a permitir otear el horizonte con esperanza.

Desde muchas empresas, tanto accionistas como equipos lo hemos venido intuyendo. Somos muy conscientes que frente a los populismos aislacionistas hemos de defender el libre comercio internacional, que frente al nacionalismo excluyente hemos de defender la diversidad, que frente a los privilegios y a los viejos corporativismos hemos de defender la libre competencia y la libertad de mercados, que frente a la xenofobia hemos de defender la igualdad de oportunidades y el empoderamiento de la mujer.

En EEUU son las empresas tecnológicas de Silicon Valley las que han levantado la voz de forma rotunda contras  las políticas populistas de Trump, contra los muros y en favor de la diversidad, pero también han sido las empresas energéticas americanas quienes de forma mayoritaria se han opuesto a la salida de USA del tratado de Paris contra el cambio climático.

En una noticia de hoy en El País podemos leer como 400 millonarios y multimillonarios, empresarios todos, han dirigido una carta a Trump para pedirle que no les baje los impuestos. Dicen en su carta

“creemos firmemente que la forma de crear trabajos de calidad y fortalecer la economía no es mediante reducciones de impuestos para los que más tenemos, si no invirtiendo en la sociedad”.

Bob Crandall, que fue presidente de American Air Lines y firmante de la carta ha dicho:

“Este recorte es absurdo. Según Trump no nos podemos gastar más dinero público pero si reducir los impuestos a los más ricos, esto no tiene sentido”.

Esta carta a Trump ha sido promovida por una organización llamada “Riqueza Responsable”.

Alguien se puede preguntar, y con razones,  ¿cómo es posible que las empresas que ayer, y para muchos todavía hoy,  son los villanos de la historia, depredadoras, a las que solo les importa el dinero, que explotan y degradan el medio ambiente, que succionan las plusvalías de los trabajadores, hoy se puedan presentar como solución y ser un  referente de valores?  Es la visión decimonónica de la lucha de clases que desgraciadamente todavía hoy anida en las mentes de muchos gobernantes e intelectuales  frustrados, también en Valencia, frente a la nueva visión moderna y avanzada que yo os trato de explicar.

Resulta interesante leer el libro de los profesores Daron Acemoglu y James Robinson llamado ¿Por qué fracasan los países? Y lo que ocurre en la población de Sonora en EEUU y en México.

Los países no fracasan por la situación geográfica, por el origen racial de sus ciudadanos, por la religión, por la riqueza en materias primas, por el clima; el éxito de los países depende fundamentalmente de la salud de las instituciones participativas, de la seguridad jurídica, de la igualdad de oportunidades, de la libertad de mercados.

En el periódico El Mundo de hoy podemos leer que Movistar ha cerrado todas sus tiendas en Guatemala, tras el asesinato de 4 vendedores en 4 tiendas distintas. En Guatemala han surgido bandas que extorsionan a las empresas a cambio de no matar a sus trabajadores. ¿Qué instituciones hay en Guatemala, incapaces de garantizar la seguridad de sus ciudadanos? En este entorno es imposible un desarrollo económico sostenible.

La empresa como solución

En este nuevo contexto en el que nos encontramos, las empresas, lejos de representar un problema, son la solución, y existen dos motivos que lo sostienen: la conveniencia y la convicción.

La conveniencia viene dada por el interés económico y tiene un claro carácter estratégico.  Nos conviene aquello que da buenos resultados. A las empresas competitivas y de éxito les conviene el libre comercio internacional, la igualdad de oportunidades, el respeto a los derechos humanos, el empoderamiento de la mujer y la renta básica universal. Valores todos que muchas empresas estamos convencidas que es de justicia asumirlos y, además, nos ayudan a construir  entornos estables y a desarrollar negocios sostenibles. Sin olvidar que es con estos valores con los que se pueden construir un relato que alimente el orgullo de pertenencia y la cohesión de nuestras plantillas. Conveniencia y convicción. Como nos dice Adela Cortina: la honestidad es rentable.

Pero, además, cualquier empresa con visión de largo plazo, no especulativa,  sabe que en los negocios no hay atajos, que las cosas no sólo se han de hacer bien para obtener resultados, que toda empresa debe tener un propósito transcendental al servicio de la humanidad, y que alinear lo que te conviene con el propósito te hace más sostenible y competitivo. El fin trascedente de  Balearia lo  creemos tener bastante claro: facilitar el libre comercio entre los territorios a través de nuestros servicios de transporte marítimo, la libre circulación de personas, bienes, servicios, conocimiento y cultura, convencidos, como nos decía Adam Smith, que este libre comercio desencadena riqueza y bienestar para los  ciudadanos. Aparte, la nueva función que nos otorgan los ODS: que este fin trascendente sirva además para transformar el mundo. El transporte marítimo estuvo en el origen de la civilización mediterránea, y sin duda lo está en el presente y estará en futuro. 

Alinear aquello que te conviene con tu propósito trascendental, y hacerlo con convencimiento, aumenta tu reputación. La  reputación es el bien más preciado de una empresa – puede representar más del 50% de su valor-; es el reconocimiento de aquellos que conocen y conocen bien la empresa -sus grupos de interés-, por el grado en que se satisfacen sus expectativas legítimas. Y es evidente que tener satisfechos a los clientes, a los proveedores, a los empleados o a la sociedad y que te lo reconozcan es síntoma de que estás haciendo las cosas bien.

Pero conseguir una buena reputación no sólo está relacionado con la calidad del producto, sino también con la trazabilidad de éste respecto a los derechos humanos,  la defensa del planeta y la RSC de la empresa. El reto de la empresa del siglo XXI es tener valores y transmitirlos a través de sus productos o servicios.

Y si estamos obligados a ser decentes por convicción y por conveniencia,  también lo estamos por coacción. Porque las leyes están para cumplirlas no para sortearlas y, además, la digitalización  junto con la globalización, hacen cada vez más complicada la impunidad. No hay atajos, porque hoy todo se sabe, los paraísos fiscales están al descubierto, hacer trampas cada vez es más difícil; sólo hay un camino y las empresas llamadas a conseguir  el éxito en un futuro  están obligadas a saberlo.

Como curiosidad, en el campo de los valores y de la ley, Sócrates, en el Siglo V antes de Cristo, nos decía que en una democracia nadie tenía derecho a estar por encima de la Ley, ni siquiera el pueblo ni una mayoría de ciudadanos. La Ley está hecha para facilitar la convivencia y para defender a las minorías. A lo que tiene derecho el pueblo es a cambiar las leyes con arreglo a la Ley.  El pueblo asume el compromiso de ser coherente con lo que ha legislado. En conclusión en democracia el soberano no es el pueblo sin más, sino un pueblo que ha aceptado razonar y ser coherente con lo que razona. Esta última premisa es la que vincula “democracia” con conceptos como civilización y ciudadanía, y la que la separa del populismo nacionalista y del  fascismo.

Observad lo importantes que son los valores y la razón para crear entornos de convivencia estables, y, tenéis que saber, que las empresas necesitamos de estos entornos estables y participativos para poder desarrollar nuestra misión. Por eso, estamos obligadas a divulgar y promover aquellos valores universales de la civilización occidental surgidos del mediterráneo clásico que lo hacen posible: el principio socrático de Ley y democracia, los valores de la Ilustración, la ética de Kant, la separación de poderes, la democracia representativa, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la patria constitucional de Habermas o la benignidad del libre comercio internacional que preconizaba Adam Smith en el siglo XVIII. Valores todos que han permitido el progreso y el desarrollo de nuestras sociedades. Estamos obligadas a ser empresas ciudadanas.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)

Todo esto que aquí expongo, esta tesis de las empresas como solución, ha venido a ser validado por la Naciones Unidas  el pasado año 2015. Os cuento la historia y su origen.

En  Septiembre del año 2000, líderes de 189 países firmaron la Declaración del Milenio en Naciones Unidas. Esta declaración contenía los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), 8 objetivos y 18 metas cuantificables para la reducción de la pobreza, el hambre y la mortalidad infantil.

Con estos objetivos se avanzó de forma importante en la reducción de pobreza o en el acceso al agua. Cierto es que la globalización y la aparición de los países emergentes han sacado de la pobreza a millones de personas y han limitado el hambre de forma muy importante, pero no se ha conseguido lo mismo en igualdad y en degradación ambiental.

El 25 de septiembre del 2015, la  Asamblea de las Naciones Unidas en Nueva York  aprobó el documento final para la aprobación de la agenda después del 2015: “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”. Con esta agenda se reemplazan los 8 objetivos del Milenio, por  los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y sus 169 metas.

La nueva agenda establece en el mismo plano el crecimiento económico sostenible, la inclusión social y la defensa del planeta, otorgando un papel fundamental a las empresas en estos nuevos objetivos  de desarrollo sostenible.  Como dice el preámbulo de la Resolución:

“La presente Agenda es un plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad. También tiene por objeto fortalecer la paz universal dentro de un concepto más amplio de la libertad. Reconocemos que la erradicación de la pobreza en todas sus formas y dimensiones, incluida la pobreza extrema, es el mayor desafío a que se enfrenta el mundo y constituye un requisito indispensable para el desarrollo sostenible”.

Y es evidente que solo se erradica la pobreza creando riqueza. Por eso, al día siguiente de la aprobación de estos objetivos Ban Ki-moon se presentó frente a los medios de comunicación junto a Marck Zuckerberg, y dijo:

“El empresariado es un socio vital. Las empresas pueden contribuir a través de la actividad principal de su negocio, por lo que pedimos a las empresas de todo el mundo, que evalúen su impacto, establezcan metas ambiciosas y comuniquen de forma trasparente sus resultados”

Lo que muchas empresas intuimos hace tiempo ha sido validado por las Naciones Unidas a través de los ODS. En las empresas reside la capacidad de innovar y de generar riqueza sostenible, o sea, riqueza creada teniendo en cuenta la inclusión social y la defensa del planeta. Con la Agenda 2030 se pretende alinear a los países, a las empresas, a las instituciones y crear las sinergias oportunas para alcanzar los ODS. Por eso, los ODS, además de ser una exigencia de justicia son una oportunidad de negocio.

Todas las empresas del IBEX 35 han incorporada los ODS a sus agendas. Y cada vez son más las que apuestan por el desarrollo sostenible. Desarrollo sostenible es aquel que permite satisfacer nuestras necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras. Balearia, como socia del Pacto Mundial de las Naciones Unidas (Global Compact) viene reportando y presentando su Memoria de Sostenibilidad desde el año 2010, actualmente sometida a los criterios del GRI G4. La memoria del año 2016 de Balearia ha recibido la máxima calificación por parte de las Naciones Unidas, noticia que nos enorgullece enormemente.

Los ODS se han incorporado a nuestra hoja de ruta, y hemos aceptado el  reto de las Naciones Unidas de poner  nuestra eficiencia, creatividad e innovación al servicio de los negocios responsables y locales que permiten alcanzar unos ODS globales.

Si las empresas aceptamos esta nueva realidad liquida y compleja, si aceptamos también nuestra responsabilidad en el seno de la sociedad como empresas sostenibles y ciudadanas con obligaciones y derechos, si el consenso internacional nos otorga la responsabilidad de generar crecimiento sostenible que defienda el planeta consiguiendo unos mayores niveles de igualdad e inclusión social, sin ninguna duda  vamos a ser más competitivas, al tiempo que contribuimos a mejorar el mundo. Hemos generado un nuevo sistema de valores, unas nuevas convicciones.

Las humanidades y las nuevas habilidades para la empresa del siglo XXI

Ahora bien, esta asunción de valores sólo puede ser asumida desde una sólida formación humanista, que hoy desgraciadamente desaparece de los planes de estudio. Hay que estudiar a los clásicos, a los sabios de la Ilustración, la filosofía y la historia, para llegar a estas convicciones; no podemos seguir guiándonos con libros de auto ayuda. Y además, hay algo más, y no menos importante: la adquisición de estas convicciones por la vía del conocimiento nos ayudará a realizarnos, a disfrutar de una vida más plena.

Esta tesis viene a reforzar la idea de que las humanidades resultan imprescindibles en la formación de todo ser humano y de todo componente de un equipo en un proyecto empresarial. La filosofía, la literatura, la historia nos ayudan a encontrar nuestro propósito transcendental, a construir nuestro relato; la antropología, la psicología, la sociología, son imprescindibles para conocer mejor nuestros mercados, nuestros clientes, nuestros trabajadores y al resto de personas que forman parte de nuestros grupos de interés. Y el arte, junto con el resto de disciplinas, es imprescindible para desarrollar esa parte tan importante de las personas que son las emociones, imprescindibles en la toma de decisiones, en la cohesión de equipos o en el desarrollo de la cultura corporativa.

Esta tesis es cada vez más compartida.  Voy a citar literalmente a algunos personajes que la respaldan. Patrick Awua, uno de los ingenieros que desarrolló el software del Windows NT, y que decidió dejar su cómoda existencia en Seattle (EEUU) y regresar a África, a Ghana, para montar una universidad y ser declarado 15 años más tarde el mejor profesor del mundo, dijo:

“Necesitamos líderes filósofos. Las humanidades son la clave para formar a los líderes del futuro”.

En su universidad quiso que los alumnos desarrollaran el espíritu crítico antes que nada, que aprendieran a pensar por sí mismo y que se instruyeran en lo que él denomina un liderazgo ético.

El premio Nobel de economía del 2006, el profesor Edmund S. Phels, en un artículo en Septiembre del año 2014, titulado Educar para el dinamismo económico, nos decía:

“Hoy a las economías les falta espíritu de innovación. El mercado laboral no solo necesita más competencias técnicas, si no que requiere un número cada vez mayor de Soft Skills, soluciones creativas para problemas complejos, y de adaptarse a circunstancias cambiantes y a nuevas relaciones, por ello, un primer paso es reintroducir las materias humanísticas en los institutos y en los currículos universitarios. El estudio de la Literatura, la Filosofía y la Historia será una inspiración para que los jóvenes busquen una vida plena que incluya hacer aportaciones creativas e innovadoras a la sociedad”

Y, por último, el desaparecido fundador de Apple,  Steve Jobs:

“La tecnología es el matrimonio entre las artes liberales y las humanidades, es lo que consigue los resultados que hacen que nuestros corazones canten”. Más poético.

Sin  desdeñar las necesarias habilidades técnicas, que son equiparables al valor en el antiguo servicio militar, “se le supone”, las habilidades humanísticas son en estos tiempos de cambio más necesarias que nunca.

Cómo afrontar este nuevo paradigma de la empresa

Si ya sabemos por qué lo hacemos, tendremos que establecer qué hacemos y cómo lo hacemos. Me centraré en las tres grandes áreas que me parecen determinantes: la digitalización, un nuevo modelo organizativo y las personas.

  1. Digitalización.

En el mundo de la digitalización hay una máxima: todo lo que se pueda digitalizar o automatizar se debe hacer y se hará. Y todo aquel que no lo haga se quedará atrás. La digitalización es una herramienta, nunca un problema. La digitalización, la gestión del Big Data y la Inteligencia Artificial permitirán a las empresas ser exponencialmente más eficientes. Las nuevas tecnologías de la información juegan a favor de la productividad, del crecimiento económico sostenible; no nos garantizarán el futuro, pero sin ellas no hay futuro. Las comunicaciones son ya casi gratis, el precio de la capacidad almacenamiento y procesamiento  de datos se reduce exponencialmente con el tiempo, y llegará a ser casi infinito. También  la energía podrá ser gratis  en un futuro, según preconizan algunos visionarios. Son acontecimientos que todos los alumnos  que aquí estáis vais a poder ver sin duda. Pero todos ellos mejoraran exponencialmente nuestra productividad sólo si somos capaces de saber utilizarlos. Como siempre, y a lo largo de la historia de la humanidad, el progreso está en el conocimiento.

Isaac Hernández, director de empresas de Google de España y Portugal preguntaba en una jornada de APD Valencia antes del verano ante un nutrido grupo de empresarios y directivos de empresas, ¿Cuántos creéis que la digitalización es una cuestión crucial a acometer por todas las empresas?

Naturalmente el 100% levanto la mano. A continuación preguntó ¿Cuántas empresas creéis que vais a sobrevivir en los próximos 5 años? Nadie levantó la mano, y él contesto: el 80%, para continuar diciendo:

“En Google estamos preocupados porque en alguna universidad del mundo haya un joven ideando la forma de acabar con Google, y es por ello que no paramos de innovar y de reinventarnos”.

2.- Cambio modelo organizativo, cambio en las formas de hacer las cosas.

Las empresas estamos obligadas a abandonar los entornos clásicos  y jerarquizados y acudir a entornos más transversales,  más participativos. Las áreas jerarquizadas clásicas trabajan como compartimentos estancos, sin apenas comunicación interdepartamental, sus posiciones y sus opiniones se plantean con criterios de rivalidad y confrontación, con visiones sesgadas y poco productivas. La concepción actual  de la organización empresarial impone el trabajo de proyectos en red, a través de la Nube, con equipos multidisciplinares. Los proyectos han de tener en cuenta todas las miradas: la comercial, la técnica, financiera, la digital, la social.

Frente a la jerarquía, la estandarización, la dirección, las tareas, la competencia, la escalabilidad, el control, los procedimientos, se impone la red social, la cooperación, la diversidad, la autonomía, la confianza, la creatividad. Si no entendemos  esto otro lo entenderá por ti y  sacará de la pista tu proyecto empresarial.

Este nuevo modelo donde prima la confianza, la proactividad, la creatividad, la disrupción, la cooperación, resulta decisivo como objetivo a seguir, y esta carrera no se puede perder si se quiere sobrevivir y progresar.  El éxito de este nuevo modelo exige de la participación de las nuevas tecnologías, la Nube, el Big Data y la Inteligencia Artificial.

Que yo acepte esta nueva realidad no quiere decir que sea capaz de aplicarlo en mi empresa, pero lo establecemos como referencia y como objetivo. Esta es una carrera que no se puede perder.

3.- Las personas como centro.

En todo lo expuesto  juegan un papel determinante las personas y resulta exigible un cambio de cultura radical que se enfrenta a una resistencia secular al cambio. Frente a los retos de la digitalización y el cambio de modelo organizativo las personas son decisivas. Los equipos deben de estar cohesionados, implicados, comprometidos, sentir la empresa con orgullo de pertenencia. Estamos frente a un cambio de cultura complicado en el marco de una sociedad escéptica y critica con el sistema.

La preparación afecta tanto al ámbito de las  hard skills como en el ámbito de las soft skills; se necesita  asumir una nueva actitud proactiva y disruptiva frente a la innovación y el cambio permanente; se tienen  que digerir nuevas forma de trabajar basadas en la confianza, en la cooperación, en el trabajo en red; se tiene que asumir una cultura compartida en torno a un relato y a un objetivo trascedente cimentado en valores.

La gran diferencia entre el Homo Sapiens y el resto de las especies animales es  nuestra imaginación, nuestra capacidad de crear ficciones. Einstein nos decía que la imaginación es más importante que el conocimiento. El conocimiento es limitado la imaginación es ilimitada. Gracias a la imaginación el ser humano abre nuevas puertas al conocimiento, y el mejor ejemplo lo tenemos en el propio Einstein: la primera observación de las ondas gravitatorias se produjo cien años después que las predijera en su Teoría de la Relatividad General, que no existiría si no hubiera sido por su imaginación. O el sueño del propio Einstein de unificar toda la Física en una sola ecuación, que hoy es parte de los alcances del descubrimiento del Bosón de Higgs.  

Los hombres de éxito visualizan puentes antes de ser construidos. Nuestro cerebro nos permite inventar historias, construir relatos. Estos relatos, estas ficciones como nos diría Vico, han permitido que millones de hombres cooperen para alcanzar fines y objetivos concretos que han contribuido al progreso del mundo. En ocasiones con fines nobles en otras con destinos dramáticos, pero ésta es la gran diferencia entre los humanos y el resto de las especies animales. 

Las naciones, las creencias o la economía son fruto de nuestra imaginación, de nuestros relatos. Ficciones creadas por los hombres que finalmente son asumidas y compartidas como reales. La ficción llega a la economía cuando se alcanza el consenso de crear sociedades con personalidad jurídica y  responsabilidad económica limitada, las empresas. Se dota de vida a sociedades dentro de un marco jurídico regulado.

Nada diferente a los mitos que sostenían las sociedades neolíticas. Mitos, naciones, creencias, empresas, todas ellas son fruto de la convención entre los hombres en torno a ficciones, que permiten a estos colaborar y cooperar para alcanzar objetivos ambiciosos.  Esta capacidad para crear relatos es la que permite que hombres de distinto origen, raza, creencias, incluso ideología, puedan cooperar y trabajar para un mismo fin y alcanzarlo.

Esta teoría que comparto al 100%  la desarrolla de forma excelente un profesor visionario de Jerusalén muy recomendable, Yuval Noah Harari. Os recomiendo su lectura.

Llegados a este punto nos toca preguntarnos: ¿Qué  habilidades se necesitan en las personas llamadas a protagonizar las nuevas empresas del futuro?

Como bien se dice en el ámbito de la gestión del talento: una mala selección no la arregla una buena formación. Google, una empresa en la que muchos aspiraríamos a poder participar establece  cuatro criterios en sus procesos de selección: Capacidad cognitiva, Liderazgo, Conocimiento del puesto, Googleynees

Me voy a detener en la segunda, el liderazgo. Todo líder debe de ser un entusiasta, capaz de trasmitir entusiasmo, tiene que tener un proyecto ilusionante y ser capaz de conseguir seguidores que compartan la ilusión y el entusiasmo. Para ello es necesario,  es fundamental tener un relato,  compartir valores y compartir objetivos, con las  mejores herramientas posibles, la digitalización, y con capacidad de innovar a través de la creatividad. La creatividad se convierte en innovación cuando resulta productiva, útil.

No hago mucho uso  de los power points, pero os voy a presentar dos trasparencias más cuya imagen necesito retengáis en vuestra memoria. Podéis observar las Hard Skills  (competencias técnicas, grados, masters, lenguas, certificaciones, referencias, experiencias) y las Soft Skills (valores, creatividad, intuición, actitud, cultura, ambición, comunicación, empatía, liderazgo, inteligencia emocional).

En la siguiente trasparencia podemos ver los movimientos de estas skills según una encuesta. Las top ten de las Soft Skills, 2020 vs 2015 en 15 países, elaborado por el  World Economic Forum. Vemos cómo la resolución de problemas  complejos, mantiene la primera posición.  El  pensamiento crítico asciende de la 4ª posición a las 2ª, y la creatividad pasa de la 10ª a  la 3ª, y podemos observar cómo se incorporan dos nuevas aptitudes, la inteligencia emocional y la flexibilidad cognitiva. En la diapositiva se puede discernir claramente la importancia que se le da a cada conjunto de habilidades: las Soft  representan la parte del Iceberg que no se ve, siete veces la parte que se ve, las Hard.

Todas las habilidades Soft están más vinculadas al mundo de las letras que al mundo de las ciencias. La fluidez de ideas, la versatilidad, las habilidades sociales y la destreza manual serán capacidades muy valoradas en el futuro. Para inventar relatos,  para asumirlos y transmitirlos de manera creíble y con entusiasmo,  hace falta ser más empáticos y desarrollar con mayor eficiencia la inteligencia emocional, y eso requiere de pensamiento  crítico, espíritu creativo, comunicación,  cultura y valores.

Todas estas habilidades Soft adquirirán mayor importancia en la medida que la Inteligencia Artificial y las machine learning vayan asumiendo buena parte de las funciones atribuibles a las habilidades Hard.

Conclusiones

El nuevo paradigma de empresa del siglo XXI exige asumir valores y desarrollar un relato y un propósito trascendente,  capaces de convenir a un grupo mayoritario de sus equipos  en torno a unos objetivos compartidos. Sin ninguna duda, la empresa que apueste por esto y lo consiga será más competitiva. Y esta competitividad supone la  condición sine qua non para la supervivencia en una realidad liquida de futuro incierto.

Para que los equipos sean innovadores y poder reinventarnos de forma permanente y creativa, para compartir una misma cultura y un mismo relato, para ejercer liderazgos eficientes, para contribuir al desarrollo sostenible de la humanidad de forma inclusiva y respetuosa con el medio ambiente, para cimentar un proyecto sólido sobre valores y convicciones, son imprescindibles las humanidades.

El conocimiento y la economía del conocimiento, como la imaginación,  no tienen fronteras, y maldigo al que inventó la frontera entre las ciencias y las letras.

El término Soft es sinónimo de suave, de blando, pero no nos llamemos a engaños,  la formación humanista de un directivo no quiere decir que una empresa no necesite killers, se pueden tener muchas Soft Skills sin dejar de ser competitivo. No pretendo que este curso deje de ser un curso de empresa y se convierta en un curso de literatura o filosofía, pero sí que entendáis que las empresas humanas son empresas más competitivas;  sí quiero dejar el poso en todos los jóvenes presentes que aspiráis a montar vuestro propio proyecto, o a participar en ellos, de la importancia de los valores, de los valores de nuestra civilización, la importancia de tener un relato y un fin trascedente capaz de ilusionar y entusiasmar a un equipo, la importancia de incorporar las nuevas tecnologías digitales que comportan nuevas formas de afrontar y resolver los problemas y nuevos modelos organizativos, la importancia de las Soft Skills y la relación que estas tienen con las humanidades, el relevante rol al que están llamadas las empresas en la sociedad del futuro: poner nuestra creatividad e innovación al servicio de los ODS para contribuir a transformar el mundo.

Sin dejar de olvidar nunca que todo esto no es posible sin una cuenta de resultados positiva, capaz de generar suficientes recursos para cumplir con todos los grupo de interés y para seguir creciendo y contribuyendo al progreso de nuestra sociedad.

El concepto de empresa que os he expuesto no es un concepto filantrópico, las empresas no somos ONG, el concepto que os he  expuesto aporta competitividad a la empresa, aumenta su reputación, y estos son intangibles que se encuentran en el activo de cualquier balance. No es algo que este después de nuestro resultado, entonces seria obra social, mecenazgo o filantropía, es algo que esta antes del resultado, es un concepto que contribuye a un mejor resultado.

Y lo que es también importante, nos ayuda a ser mejores personas, a compartir, a disfrutar,  a ser felices, y a tener una vida plena, como les decía a los jóvenes el premio Nobel de economía Edmund S. Phels.

 

MUCHAS GRACIAS

Adolfo Útor

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